martes, 12 de mayo de 2015

RECOMIENDO...

Se me ha ocurrido que voy a intentar poner los libros, cuentos, cómics, etc. que vayan cayendo en mis manos. Los tesoros hay que compartirlos. Libros bellos, ahí van:


El primero es: SERRATOLOGÍA, un estupendo libro con bellas ilustraciones de Carlos Cubeiro que explican las canciones de Serrat y muchas curiosidades de la vida de este gran artista. A través de sus propios comentarios, este libro pretende rendirle un homenaje por su sensibilidad y sus 50 años cumplidos. Precioso libro: dibujos y texto.

Este libro fue un regalo de mi chico en Sant Jordi porque sabe que Serrat es para mí un eterno imprescindible. De niña estuve enamorada locamente de la magia que desprendía, de su dulzura, de sus canciones, y pasaba horas escuchando su disco a la vez que miraba encandilada las fotos de un jovencísimo Serrat.


Con doce años le mandé una carta de amor que, digo yo, jamás le llegaría porque nunca respondió. En cualquier caso me quedan sus letras y ahora este libro tan bonito que miro y remiro:




El segundo libro es MANABÉ SHIMA de Florent Chavouet. ¡Qué divertido! Las ilustraciones geniales denotan un gran sentido del humor del autor y los comentarios de esta historia aún más.
Un chico joven se va a una isla japonesa a dibujar y acaba integrándose entre los habitantes singulares del lugar. Tiene muchos detalles para estar horas mirando y sonriendo.

"Manabé Shima, una isla de la que se habla poco pero donde se crían muy bien los peces..."






El tercer libro: la historia te atrapa desde el primer momento: Come prima de ALFRED.

"A finales de los años 50, los hermanos Fabio y Giovanni se ponen al volante de un Fiat 500 para iniciar un viaje de hondo significado. Giovanni ha convencido a Fabio de honrar la memoria de su padre y para ello se dirigen a Italia, su tierra natal."

Una historia muy visceral que parte de sentimientos ocultos y entresijos familiares. Las ilustraciones muy expresivas, la composición es exquisita. La historia te conmueve alucinantemente y te sientes parte de ella. El final pura nostalgia; te sientes pequeño, grande, emocionado....
Muy muy recomendable!







¿Y qué fue del perro?

jueves, 16 de abril de 2015

40

Estoy como eufórica. Estoy de una vitalidad insultante; como si hubiera sabido hace diez minutos que voy a morir mañana y cada segundo valiera el paraíso. Felicidad? Locura? Ambas? Ninguna?




Son mis fastidiosos e incómodos 40 que están a la vuelta de la esquina y me perturban como cuando me viene la regla.

A finales de Octubre llego a los 40 y no sé cómo se gestiona eso con lo que voy trabajando en el asunto con bastante antelación. ¿Qué tengo que hacer?, ¿dónde tengo que ir? ¿Me cambio el pelo? ¿Me apunto a una maratón? ¿Rebiento un rato? El otro día me levanté y enseguida intuí que iba a sufrir un brote psicótico de esos.

- Cariño, creo que me he cansado del Tatami. ¿Por qué no compramos una cama normal? Puede ser de esas románticas, o...
- Cielo, estás delirando.
- Tengo ganas de cambiar algo en mi vida pero no sé qué... la vajilla, el marido...
- Por qué no te cambias de bragas...

Lo sé, sí, tengo doble problema: soy mujer y voy a cumplir 40. Todo se me junta. Me he transformado en un monstruo que quiere vivir eternamente los 39 sintiendo, mirando, escuchando, corriendo, alucinando... Ya lo tengo decidido: voy a dar el gran paso recuperando mis quince prestados, si me dejan, durante el año en curso, para no llegar a la madurez tan aturdida y/o desaliñada. Seré una rebelde, una boba, una ilusa, una completa salida y una idiota.

Inevitablemente ese esquema se rompe cuando aparecen ellos con su insolencia, su energía desbocada, sus pataletas y sus ingenuidades más puras y bellas:

- Mamá, estoy malito porque tengo virus.
- Te encuentras mal? Qué te pasa?
- Adri me ha dicho que si tocas el suelo te contagias de virus.
- Ah, ya comprendo... -resuelvo mientras mis labios dibujan una mueca empática.
- Hoy, en el cole, he tocado un tubo de la pared y tengo virus en las manos.
- En casa te lavas las manos y listo, fuera virus feo.
- Mamá, de qué color es el virus? La mamá de Adri dice que son invisibles.
- Pues, no sabría decirte el color, son tan pequeñitos que solo se pueden ver a través de ciertos aparatos y...
- ¿Entonces es verdad que existen? Corre mamá, que quiero lavarme las manos en casa y quitarme el virus!
- Espera, que atropello a la abuela y atravieso la montaña... No hay tiempo que perder...

Esas son las conversaciones surrealistas que tengo con mi hijo de cinco años. Es nuestro submundo, más allá de las fronteras de la realidad, por donde también pasaron El Principito y otros románticos. Qué rápido me devuelve a la condición de madre este niño. Estoy atrapada en un conflicto de mujer coherente en público y de doncella libertina cuando nadie me ve. Eso van a ser mis 40, ya lo estoy viendo, un absoluto garabatías.


(Ilustraciones de Margaux Motin)

viernes, 3 de octubre de 2014

Mamá, ¿existe el 108?


Decidimos muchas cosas en la vida; cada una nos lleva con picardía por un camino diferente, y todas, todas, todas, nos condicionan el destino.  ¡Bueno!, ya salió la palabrita: ¡el destino! ¿No será acaso la palabra más requerida, sobada y admirada por la raza humana y sus delirios? El destino no está escrito, ¡coño!, eso es una santa estupidez que dijo alguien rematadamente cursi para importunar al resto de humanos porque para muchos, como no hay vuelta de hoja, y el destino es el que es, se dejan llevar por la corriente, sin esfuerzo, por pura desidia… 

El destino no es tan simple como parece, ni tan temible y poderoso. A saber: el destino se garabatea día a día, y lo más importante, ¡ojo!, se puede innovar, moldear, escupir, objetar, batallar, incluso lo puedes deshacer como si fuera una frase mal escrita de tu documento Word. Desde que nacemos hasta que morimos, cada giro, cada mirada, cada pasito inadvertido, es un indicio de lo venidero, a veces acertado, a veces errado, a veces, simplemente muy madre.

Soy madre. Ese es el mejor giro hasta el momento; espero que hayan más de estos pero hasta el momento nada lo ha superado. Nunca he disfrutado tanto en mi vida con algo. Mis hijos me han hecho mejor persona, más tolerante, más constante, menos lunática, más vieja. Últimamente me torturo pensando que en unos cuantos años crecerán, mutarán en seres humanos adultos y luego ya no les veré el pelo. 

Hoy el pequeño se ha quedado otra vez como pensativo... Sabía que en breve saldría con una de sus preguntitas profundas, así que sin más, le he preguntado: ¿En qué piensas? Me ha respondido: Mamá, realmente no te mueres si te quitan un ojo, no? 



¡¡Niños, no crezcáis nunca!! ¡Seguid siendo mágicos!




No creo en el destino pero por si acaso, no quiero que mi destino sea otro.







Ilustraciones de Miguel Tanco

miércoles, 27 de agosto de 2014

LA TUMBA DE LAS LUCIERNAGAS


Esta es una película que impacta y supongo que por eso me dejó pensando durante bastante tiempo. Su sensibilidad es abrumadora y lo que más fascina es que te ayuda a recordar la verdadera identidad de los niños, su sencillez, su inmensa capacidad de aguante y esa gran virtud que sólo ellos poseen para extraer belleza en medio de un caos abominable.

Qué triste los niños cuando se ven en medio de una guerra que ni les va ni les viene. Qué saben ellos de codicia,  riquezas, egoismos,  poder,  posesiones...


...cuando lo único que aspiran en su vida es a contemplar luciernagas y a jugar con muñecas.









martes, 15 de julio de 2014

Mi madre es la mejor madre del mundo,

por más que se enfade conmigo, por más que me castigue, por más que cocine espinacas.


Mi madre es increíble porque siempre está pensando en mí. Nunca se cansa de quererme, no sé cómo lo consigue... Me pregunto cómo hacen las madres para tener tanto amor por dentro.


Mi madre me despierta por la mañana con agilidad para que aproveche el día, aunque yo dormiría siempre mucho más. Mi madre, con santa paciencia, me peina y me lava la cara. Luego me unta de crema solar para que no me queme el sol en el Casal de Verano. Mi madre me pone cereales con leche fría para desayunar. Los cereales están de miedo con leche fría, y ella lo sabe, por eso siempre se asegura de guardar un cartón de leche en la nevera la noche anterior.


 Mi madre siempre está pensando en mí, hasta cuando no estoy en casa. Cuando viene y cuando va, está como abstraída, pensando en mí, en mi futuro, en mis carencias, en mis virtudes, en que me echa de menos.


Cuando veo alguna mujer por la calle, caminando, no pienso que es una mujer guapa o una señora gorda. Sólo pienso que es una madre. A mis seis años, las mujeres, a mi entender, son sólo madres. Madres con ojeras, madres con arrugas, madres con ternura, madres con carritos de la compra, madres con tiritas, madres con cuentos mágicos...


Mi madre se me queda mirando a veces con una mueca rara, como feliz. Creo que eso significa que me quiere para siempre, y que le parezco perfecto. A mí me gusta que me mire así porque siento que soy el centro del mundo, el centro de todo su mundo.


(dibujos de la maravillosa ilustradora Patricia Metola)

viernes, 27 de junio de 2014

Sólo yo




A veces, cuando empiezo a notar que dedico demasiado tiempo a rondar la casa, a perderme en mi alrededor, a curiosear en Facebook, a colocar en paralelo los cojines del sofá o a divagar entre si hoy debería cocinar lentejas con chorizo o tallarines a la bolognesa, termino preguntándome a mí misma: “¿qué demonios estoy haciendo con mi tiempo? Con ese sinfín de segundos extraordinarios que han llegado a mí como caídos del cielo… ”. Y la respuesta siempre es la misma: “¡Tengo que escribir! ¡Tengo que escribir!”. 

No sé por qué pero siempre pienso que en cualquier momento, en cualquier lugar, debería ponerme a escribir. Escribir un pensamiento y dejarlo ahí, madurar. Escribir los comentarios incongruentes aunque chistosos de mi hijo de cuatro años, escribir lo que veo, escribir lo que me callo, escribir lo que nadie más podría escribir porque obviamente, nadie más puede ser yo. Sólo yo.